SANTO DOMINGO. Al menos 1,700 muertos ha dejado el terremoto de 7,7 que afectó a varios países del sur de Asia.

 El olor a cuerpos en descomposición impregnaba el domingo las calles de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar, mientras la gente trabajaba frenéticamente para retirar escombros a mano con la esperanza de encontrar a alguien aún con vida, dos días después del enorme terremoto que dejó más de 1.600 muertos e innumerables personas sepultadas.

El terremoto de magnitud 7,7 golpeó el viernes al mediodía con un epicentro cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar, derribó decenas de edificios y dañó otras infraestructuras como el aeropuerto de la ciudad.

Los esfuerzos de rescate se han visto obstaculizados por carreteras dañadas, puentes caídos, comunicaciones irregulares y los desafíos de operar en un país en medio de una guerra civil.

La búsqueda de sobrevivientes ha recaído principalmente en la población local sin la ayuda de equipos pesados, moviendo escombros a mano y con palas bajo 41 grados Celsius de temperatura (106 Fahrenheit), con solo alguna excavadora con cadenas a la vista.