FUENTE: BBC MUNDO

Malvinas/Falklands al vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial en julio, era difícil imaginar la significación que esas islas ganarían menos de dos meses después.

Nada indica que fuese ese incidente lo que puso al archipiélago de nuevo en el escenario geopolítico —aunque el respaldo a la selección argentina por parte de la Casa Blanca, que enmarcó la pancarta dentro de la libertad de expresión, quizás era una señal de lo que vendría.

De hecho, el presidente Donald Trump jugó luego un rol clave en avivar la disputa de Argentina con Reino Unido por la soberanía de las islas, al sugerir que podría revisar la tradicional posición neutral de Estados Unidos en este tema.

«Siempre reviso todas las posturas», respondió Trump cuando la BBC le preguntó al respecto en una rueda de prensa hace más de dos semanas.

El comentario fue ambiguo, al igual que otro posterior donde Trump insinuó al medio británico GB News que evitaría respaldar a Reino Unido en un eventual conflicto con Argentina por las islas, debido a una falta de apoyo que percibe de Londres en la guerra con Irán.

Pero eso bastó para que el presidente argentino, Javier Milei, afirmara —mencionando a Trump— que «en el mundo corren vientos de cambio favorables» al reclamo de soberanía de su país sobre las islas y anunciara sanciones económicas a las empresas que exploten petróleo en ese territorio británico de ultramar.

«Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho», afirmó Milei este mes en un mensaje por cadena nacional que elevó las tensiones con Reino Unido.

Londres ha reiterado que respetará el derecho de los isleños a elegir ser británicos. «Seremos implacables en defender eso», sostuvo el primer ministro británico, Andy Burnham, la semana pasada ante el Parlamento.

Un contexto especial

Con índices de aprobación en baja y dificultades económicas, Milei aprovechó la oportunidad que le abrió su aliado Trump para cambiar su estrategia moderada sobre las islas y lanzar un reclamo enérgico que tradicionalmente tiende a unir a los argentinos.

Para Milei es «una forma de demostrar fortaleza (y) afirmarse en el escenario internacional», le dice a BBC Mundo Henry Ziemer, investigador del programa Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) de Washington.

Pero señala que también hay explicaciones geopolíticas y económicas para semejante giro.

El propio Milei señaló en particular su rechazo al proyecto de Sea Lion para extraer petróleo offshore unos 220 kilómetros al norte de las Malvinas/Falklands.

Y, en un mensaje a las grandes petroleras internacionales que quieren desarrollar negocios en Argentina, les advirtió que «tendrán que elegir» entre hacerlo allí o en las islas.

La principal firma que participa del proyecto Sea Lion es Navitas, de capitales israelíes, contra la cual el gobierno argentino anunció una denuncia penal en el país la semana pasada.

Nada indica por ahora que la cuestión vaya a debilitar la fuerte alianza de Milei con el gobierno de Benjamín Netanyahu en Israel.

Por el contrario, el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, pidió la semana pasada en la red social X que su país «reconozca públicamente que las Malvinas son territorio argentino ocupado».

Eso ocurrió cuando el gobierno británico se aprestaba a anunciar sanciones económicas a los asentamientos israelíes en Cisjordania que considera ilegales.

Y fue quizás otro indicio de cómo las declaraciones de actores internacionales sobre las Malvinas/Falklands pueden mezclarse con diferentes intereses, incluso lejanos.