Lawrence es el espacio de dominicanos en Estados Unidos
Evento de los jueves en Ateneo Dominicano

 


Lawrence, Massachusetts.- Las calles de esta ciudad, ubicada al norte de los Estados Unidos, tienen el sonido, el olor, los colores, los distintos acentos del español dominicano, características que califican la zona como  una segunda República en territorio estadounidense.

En cada rincón se encuentra con un dominicano. Se estima que 80 de cada 100 migrantes que decidió jugársela en esta zona de la Gran Unión del Norte del continente proceden o tienen sus raices  en Quisqueya.

Bodegas, taxistas, abogados, profesores, ingenieros y funcionarios de primer orden en la administración de la ciudad tiene el toque criollo.

Por ejemplo, el alcalde Brain de Peña es oriundo de Miches, y el jefe de la policía es Melix Bonilla, un hombre de ley procedente de San Cristóbal.

Los dominicanos y las dominicanas tambien juegan papeles estelares  como directores de las principales escuelas de la zona y como representantes en los cuerpos legislativos del estado.

El poder politico está en manos de quisqueyanos. En la actualidad son de orígenes de la  República Dominicana: un senador estatal, tres representantes ante el congreso, el alcalde de la ciudad y  de los nueves regidores, 8 son personas con sangre de La Hispaniola.

Y la cultura es puntera para garantizar la unidad entre los criollos. Al frente de la promoción de nuestras costumbres y manifestaciones culturales que nos identifica como nación, está  el Ateneo Dominicano de Nueva Inglaterra.

Nosotros promovemos todos los valores de la dominicanidad en esta área de los Estados Unidos, sostuvo Wilfredo Peralta, presidente de la organizacion.

Peralta, con decadas de trabajos  como gestor cultural, narró como la organizacion realiza actividades en las fechas patrias y participa en todos los espacios culturales de la región.

Destacó la tercera temporada de un encuentro musical  todos los jueves en verano. Dijo que el espacio permite disfrutar de buena música de grupos latinos y el ambiente familiar que se vive en el jardin del local del Ateneo Dominicano.

Por José Rivas