SANTO DOMINGO.-Vitico se fue quedando mudo. Apenas cruzaba un par de palabras con su mujer. Siempre estaba “encarao” y por cualquier quítame esta paja le daba un pescozón a Manuelito, el retoño entre el amor ardiente con La Morena, pero que desde unos meses para acá era prácticamente nulo.
El cambio de humor de Vitico, sin explicaciones algunas, hizo que su enamorada mujer buscara respuestas con la cuñada.
-Déjame hablar con él-
-Hermano, dime que pasa con La Morena. Esa mujer hasta lloró cuando me contó de los cambios-. –Si ya no la quieres, déjala, por el bien de ambos y del niño-. Solo eso bastó para que Vitico dejará saltar su irá.
Un “no quiero hablar” y vete de ahí”, con esas frases se trancó el hombre en la habitación.
Como su hermana había trabajado como secretaria en el Hospital de la comunidad, llegó a la rápida conclusión de que estaba delante de un hombre pasando por una profunda depresión.
Junto a la cuñada abrieron una cita con el único psiquiatra del centro médico. La cita era para cinco meses, pero la preocupada hermana tenía influencias y logró una atención rápida.
Pero hubo resistencia de Vitico. Se negaba una y otra vez a acudir donde el especialista, hasta que medianamente aceptó.
El diagnóstico: depresión grave, un estado de ánimo depresivo constante y la pérdida de interés o placer en las actividades cotidianas por más de tres meses.
En esas semanas Vitico se alejó de los amigos; su relación marital entre crisis; su pequeño hijo comenzó a tenerle miedo y su encierro provocó su despido como operador de máquinas en la Zona Franca.
Eso nada le importó.
De la cita médica salió con una receta.
Eran inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
Sin seguro familiar y sin las entradas económicas de su trabajo en la Zona Franca, Vitico solo pudo comprar una parte de los medicamentos y detallados.
Sus efectos fueron mínimos y muy fugaces.
Nunca volvió al psiquiatra y la familia, muy pobre, no pudo reponerle los medicamentos
Y una noche, Vitico, enfurecido, enloquecido por esa lucha contra la amargura, sostuvo una discusión agraria con su mujer. Por un disparate, pero que encendió la chispa de la agresión verbal y física.
La empujó. Y La Morena cayó en el filo de la mesa y se desnucó. Al ver esa situación y sin pensarlo dos veces. El depresivo Vitico, salió desorientado y terminó con su vida lanzándose del Puente Duarte.
La salud mental es grave en la República Dominicana, tan grave que su incidencia en los casos de feminicidios-suicidios tiene un alto índice.
La escasez de conocimiento en la población sobre la necesidad de velar por su salud, la falta de médicos psiquiátricos y los altos precios de los medicamentos, constituyen la punta de lanza contra la estabilidad del hogar.
Sobre los profesionales de la conducta humana, el Servicio Nacional de Salud cuenta con unos 146 psiquiatras activos en sus centros. En el 70 por ciento de esos especialistas se concentran en el Gran Santo Domingo y Santiago.
Es un déficit abismal. 2.18 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, una cifra muy baja en comparación con las recomendaciones de la Organización de la Salud (OMS).
Y los médicos que prestan servicios en el sector privado “no hay quien le mete el pico”.
Solo por entrar a unos de esos consultorios, el paciente tiene que pagar entre 5 y 8 mil pesos (entre 100 y 170 dólares).
Ramón Ceballos, médico y legislador, llamó a las autoridades a fortalecer las políticas públicas de salud mental y aumentar los recursos destinados a la prevención, diagnóstico y tratamiento de los trastornos psiquiátricos.
Pero la situación económica incide para que la población pueda llevar los tratamientos. Por ejemplo, para Vitico, sin empleo y con la mujer ganando solo 20 mil pesos mensuales en su trabajo de conserje, resultó cuesta arriba comprar los medicamentos.
En la actualidad se habla de que mínimamente, en un presupuesto bien apretado”, combatir una depresión hay que disponer de 12 mil pesos cada mes y en un hogar donde las entradas no superan los 20 mil pesos, realmente es difícil seguir al pie de las letras, los tratamientos.
Las Unidades de Intervención en Crisis (UIC) registran que entre el 60 al 80 por ciento de los pacientes psiquiátricos, abandonan el tratamiento antes de recibir el alta.
El Estado destina menos del 1 por ciento del presupuesto al tratamiento y seguimiento en el área de la salud mental.
La lucha con el feminicidio es integral. Para evitar que entre 50 y 70 mujeres mueran por violencia intrafamiliar es necesario que los aspectos sociales como el económico, la inversión pública y la orientación masiva sobre esa epidemia, se conjuguen para que disminuya esa cifra maldita de mujeres que duermen con el enemigo